La estatua ecuestre de Carlos IV, El Caballito,
dentro del claustro de la que fue Pontificia y Nacional Universidad
de México, ubicada entonces junto al
Mercado del Volador. Este fue el sitio que ocupó la escultura a partir de
1823, una vez que fue removida del Zócalo capitalino al consumarse
la Independencia de México en 1821. Esta
excepcional estampa es obra de Pietro Gualdi y gracias a ella
podemos tener idea de como era el bello edificio que ocupaba
entonces la Universidad. También se debe hacer notar que del lado
izquierdo de la imagen y detrás de un enrejado de madera, parece
encontrarse la escultura de la diosa
Coatlicue, que había sido trasladada a ese sitio en 1790,
después de ser descubierta en las cercanías de la Acequia Real
A muchos de los que nos tocó vivir en el Distrito Federal, es
posible que con certeza hubiésemos creído que la estatua ecuestre
de Carlos IV, el famoso Caballito de Manuel Tolsá, siempre estuvo
en la intersección del Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y
Bucareli, tal como lo vimos desde nuestra niñez, en nuestra
juventud y en nuestra madurez.
Para el que esto escribe, quizá para fines de los años 40, alguna
vez vio en el periódico El Universal, la imagen de la plaza
elíptica con el Caballito de Tolsá al centro y ubicada en pleno
Zócalo, pero salvo este efímero recuerdo siempre reconoció la
estatua como un inconfundible y permanente punto de
referencia u orientación cuando trataba de ubicar algún sitio o
una dirección. También le resultó paso obligado y necesario en
muchos cientos de ocasiones, pero ya en los años 60 y 70, ya fuera
para incorporarse al Paseo de la Reforma, Bucareli o Avenida
Juárez cuando circulaba en auto desde la avenida de San Cosme o
por Guerrero a un costado del Jardín de San Fernando. Al pasar
frente a él, apenas si de reojo le daba una mirada, pues su vista
estaba bien fija en el verde del semáforo o en el auto que le
precedía o le antecedía. Después de todo vivir en la Ciudad de
México, D.F. (DeFiendete) en aquellos años ya no era precisamente
una dicha y la selva de asfalto cubierta ya por miles y miles de
vehículos, parecía querer asfixiar aquella pequeña isleta de forma
irregular que a
duras penas le habían permitido ocupar al otrora orgulloso
Caballito.
Pero mejor dejemos a un lado
mis recuerdos del Caballito y tratemos de recorrer, al trote, los
distintos puntos de la ciudad que ocupó y las razones por las que
fue construido y después trasladado varias veces de su sitio.
La proclamaciónen 1788
de Carlos IV, como nuevo Rey de
España, dio lugar a que don Ignacio Costera
y don Bernardo Bonabia hicieran la propuesta al
Virrey de Revillagigedo de construir
dos estatuas ecuestres en honor tanto del nuevo Rey Carlos IV,
como de su antecesor Carlos III.
Por falta de recursos solamente pudo
construirse una de ellas, Ia de Carlos IV,
y fue colocada en la Plaza Mayor sobre un pedestal de mármol, pero
tuvo que ser tallada en madera por
Santiago Sandoval, indígena
deI barrio de Tlatelolco.Como era
de esperarse esta estatua tuvo una corta duración y al cabo de dos
años se encontraba prácticamente destruida.
Esta es una vista de la Plaza
Mayor de la Ciudad de México en 1793, en una litografía que muestra
su reciente restauración, realizada por el Virrey de Revillagigedo. A la izquierda el Mercado del Parián, que
ocupaba casi la mitad de la plaza, a la derecha el Palacio
Virreinal, con solamente dos niveles y al fondo la extraordinaria
vista de la Catedral, completamente terminada. Desde luego, para esa
fecha no se había colocado aún la escultura ecuestre de Carlos IV,
(El Caballito) obra de Manuel Tolsá, y la estatua de madera que se
colocó en 1788 ya habría desaparecido hacia 1790. Esta imagen se encuentra en el sitio del
Ministerio de Cultura en España. Haga click aquí para
ver la imagen ampliada y con mayor detalle.
Para eI 12 de julio de 1794, un
nuevo virrey llegó a la Nueva España, Don
Miguel de Ia Grúa Talamanca, Marqués de
Branciforte que había dejado muy mala reputación en España,
por una serie de actos de
corrupción que indujeron a
Carlos IV a llamarle fuertemente Ia atención. Para congraciarse
con el rey, Branciforte envió una
carta solicitándole que accediese a que
en Ia Plaza Mayor de México se Ie
erigiese una nueva estatua ecuestre en
bronce, que substituiría a Ia anterior ya
desaparecida. En aquella carta
se decía que la escultura tendría un costo de
18,700 pesos, pero que serían
cubiertosen su totalidad por el mismo virrey.
Anexos se enviaron los proyectos de Ia escultura
y deI pedestal que habían sido diseñados por el arquitecto y escultor
Don Manuel Tolsá,
por aquel entonces el Director de Escultura en Ia
Real Academia de San Carlos.
¿Pero quién fue Carlos IV? ¿Tuvo algo que ver con
México?
En realidad no tuvo nada que ver, veamos quien fue, antes de
continuar con la historia de su escultura ecuestre. En la próxima imagen pueden ver un cuadro pintado por Goya
que se exhibe en el Museo del Prado de Madrid, en donde aparece
Carlos IV con toda su familia
El cuadro de arriba es
obra de Francisco José de Goya
y Lucientes, con el que culmina los
retratos realizados en los últimos años del siglo XVIII. Fue
realizada en Aranjuez y Madrid durante el año 1800 y en ella
representa a los personajes de la familia de Carlos IV. El artista
capta excepcionalmente la personalidad de cada una de las figuras,
centrándose en la reina y el rey como muestra de mujer dominante y
hombre abúlico.
Carlos IV, fue
hijo y sucesor de Carlos III,
gobernó a España de 1788 a 1808 y fue un
monarca mediocre, totalmente sometido a los
caprichos de su esposa María Luisa de Parma, mujer de poco talento e
intrigante, y ligera de conducta.
Tuvo como favoritos al Conde de Floridablanca que heredó de Carlos
III y luego a Manuel Godoy en 1792. Su reinado se vio
mediatizado por la política exterior de Francia, entonces en estado
de permanente revolución. Los primeros años marcarían la política
española sus ministros Floridablanca y el Conde de Aranda, pero a
partir de 1793 la fuerte personalidad de Godoy se impuso y fue quien
optó por inclinarse hacia el directorio francés, con lo cual quedaba
vinculado a la
revolución y más tarde a Napoleón I, en lugar de optar por el
apoyo a Gran Bretaña en contra de Francia.
Carlos IV se sometió por completo a Napoleón quien quiso utilizar la
Armada Española contra los ingleses, pero ésta se dirigió a Cádiz a
donde los persiguió Nelson y se enfrentaron en Gibraltar a los
ingleses perdiendo la batalla la alianza franco-española.
La corte española se encontraba en Aranjuez y acordaron con Godoy la
partida hacia Andalucía pero el pueblo se amotinó contra Godoy y el
rey abdicó el 19 de marzo de 1808 en favor de su hijo el Príncipe de
Asturias, que se convirtió en Fernando VII.
El breve esbozo de lo que fue el reinado de
Carlos IV, nos permite ver con claridad, que nunca hubo razón, ni
méritos, para que fuera levantada en México una estatua ecuestre en
su honor y que mucho menos ocupara un lugar al centro de la Plaza
Mayor o como sucedió tiempo después en 1852, ya cuando México era
una República, que fuera trasladada a la glorieta principal que
marcaba el inicio del entonces denominado Paseo de Bucareli.
Pero sigamos con la historia de la estatua ecuestre y ya
encontraremos después las razones que motivaron su conservación y su
trascendencia a través de los años.
Como esperaba el Virrey Branciforte, por
conducto deManuel Godoy
se recibió la contestación a su solicitud en una carta fechada el 15 de marzo de 1796 en
Jerez de Ia Frontera. En ella el rey aceptaba que fuese erigida Ia estatua. Tres meses después, cuando llegó Ia
carta a México,
el virrey nombró a Manuel Tolsá coordinador de Ia obra, y a don
Juan Antonio González Velázquez, Director de Ia Real Academia de
San Carlos, para que efectuase Ios planos de Ia
gran plaza que serviría de marco a la
singular estatua de Carlos IV.
La siguiente etapa consistió en conseguir los fondos para
financiar la obra, por lo que el virrey mandó organizar
numerosas corridas de toros,
superándose con facilidad la meta fijada y llegar a más de 50,000
pesos,
reuniéndose gracias al
apoyo
brindado por
varias instituciones y Ias aportaciones de Ia gente acomodada. Por consiguiente, el Virrey de Branciforte,
contrario a lo prometido a Carlos IV en su misiva, no
gastó un solo real de su bolsillo.
Manuel Tolsá y su obra
escultórica cumbre, la estatua ecuestre de Carlos IV, que
muestra al monarca vestido de emperador romano, montado en un
caballo fuerte y en movimiento, como era la tradición romana. Tanto
el animal como su jinete asumen dignidad y equilibrio.
Manuel Tolsá
nacido en España, salió de Cádiz en febrero de 1791 y llegó a México
en ese mismo año, venía para asumir el cargo de Director de
Escultura de la Academia de San Carlos de muy reciente creación.
Para entonces el prestigio de Tolsá era ampliamente reconocido en
España en donde había sido escultor de cámara del rey.
A su llegada a México Tolsá participó en distintos proyectos, entre
ellos los de supervisión de las obras del desagüe del Valle de
México, la nueva introducción de aguas potables y los Baños del
Peñón. Para obtener el título de académico de mérito en
arquitectura, presentó tres dibujos, uno de ellos con el proyecto
para la erección del Colegio de Minería.
Por tal motivo cuando
Manuel Tolsá fue llamado para realizar el proyecto de la
escultura de Carlos IV, posiblemente en 1795, ya tenía una amplia
experiencia y una reconocida trayectoria en México.
Para mediados de 1796 en que Tolsá inició sus trabajos, las
dificultades no se hicieron esperar al no poder reunirse
los 600 quintales (un quintal es igual
a 46 kilogramos por lo que hablamos de 27.6 toneladas)
de metal necesarios para Ia fundición.
Tolsá, suspendió los trabajos y
recurrió a una solución alterna, que consistía en realizar una escultura
provisional tallada en madera, mientras se obtenía el mineralrequerido La
iniciación de las obras y la primera piedra del
pedestal del monumento ecuestre
fue colocada por propia mano del virrey el 18 de
julio de 1796, apenas unas semanas después de conocer la
aprobación de la obra por parte del rey. Sin embargo no fue hasta el 9
de diciembre de 1796, en la fecha deI santo
de Ia reina Maria Luisa, cuando tras de una
lujosa ceremonia se develó Ia
estatua provisional, hecha de madera y estuco y
recubierta con hojas de oro.En medio de los vítores de Ia multitud,
el virrey agitó su pañuelo, descorriéndose
entonces el velo de terciopelo carmesí que
ocultaba Ia escultura. Enseguida estallaron
las salvas de artillería y repicaron Ias campanas de
la Catedral.
El Virrey de Branciforte nunca pudo ver la estatua de bronce
colocada al centro de la Plaza Mayor, pues fue retirado de su cargo
en 1798, tras de una cauda de actos de corrupción que le
caracterizaron.
Los párrafos que siguen son originales de
Don
Enrique Salazar Híjar y Haro,
quien expresa de manera excepcional todo el proceso que culminó Tolsá, para lograr fundir tan colosal obra de arte.
«...
Tolsá continuó con el modelado de Ia
escultura definitiva, teniendo como modelo el hermoso percherín poblano Ilamado
"Tambor". EI inmenso molde quedó listo para su vaciado en bronce,
pero el metal para Ia fundición aún no estaba completo, por lo que
Tolsá y su equipo debieron esperar tres años.
Reunido
finalmente el metal, Tolsá revisó concienzudamente el molde antes de
efectuar el vaciado, encontrándolo en buenas condiciones. EI 2 de
agosto de 1802, a Ias 5:00 de Ia tarde, el molde se recalentó para
desalojar de su interior Ia cera; también se encendieron dos hornos
alimentados con carbón que contenían 300 quintales de metal
en cada uno
de sus grandes crisoles. A Ias 6:00 de Ia tarde deI día 4, el metal,
convertido en incandescente masa líquida, estaba listo para ser
vaciado. Quince minutos fueron suficientes para que el crepitante
bronce fundido recorriera los caños y respiraderos para rellenar el
molde, completándose así el trascendental lance.
Después de
cinco días para que se enfriara el molde, se descubrió que el
vaciado había sido un éxito, pues el bronce lo había Ilenado
totalmente. Fue Ia escultura más grande y de una sola pieza
efectuada hasta ese momento en los dominios españoles de América.
Catorce meses necesitó ToIsá para cortar, limar, cincelar y pulir Ia
escultura. Para sacar de su interior el picadizo que Ia rellenaba,
se le practicó en Ia grupa deI caballo un orificio por donde podía
pasar un trabajador. Se dice que se introdujeron en él 25 personas,
para satisfacer Ia curiosidad de saber cuántas cabrían.
Por esta
circunstancia, Ia escultura de Carlos IV recibió deI pueblo, además
deI cariñoso nombre de Caballito, el de Caballito de Troya
...»
Lo que no nos dice Don Enrique
Salazar es el lugar en donde estuvo el taller de fundición y
escultura de Manuel Tolsá, pero el dato que poseo se refiere a la
que fue la huerta del Colegio de San Gregorio. Este sitio no era muy
lejano de la Plaza Mayor, pero el transporte
de Ia enorme escultura de bronce que medía
4.88 metros de altura por 1.78
metros
de ancho y 5.40 metros de largo y
con un peso de casi 6
toneladas, no era tarea fácil. El 19 de noviembre de 1803, la escultura felizmente terminada y
reluciente, fue montada en un carro con 6 ruedas de bronce para su
transportación, pero no fue hasta el día 28 del mismo mes que salió
de la huerta por la puerta que daba al llamado Puente del Cuervo
(esta localización corresponde con la calle que hoy es
República de Venezuela), para iniciar su difícil maniobra de
traslado.
El Colegio de San Gregorio y su huerta estaba ubicado en la manzana
que actualmente conforman las calles de San Ildefonso, del Carmen,
Venezuela y Rodríguez Puebla. En la
actualidad, parte del edificio del colegio existe y es ocupado y conservado por la
Universidad Obrera de México en la calle de San Ildefonso No.
72. Dentro de la misma manzana se encontraba el Templo y el Colegio
de San Pedro y San Pablo, y en la esquina opuesta la que hoy es
Iglesia de Loreto y que en aquella época era la Iglesia de San
Gregorio.
Se dice que la maniobra duró 4 días hasta que la estatua pudo quedar
colocada sobre el pedestal que se había construido para ella. Pero
antes de hablar de las características excepcionales de la estatua y
de su ceremonia de inauguración, que les parece si vemos exactamente
donde era la huerta del Colegio de San Gregorio en el año de 1803.
La imagen de arriba
corresponde a una sección de un mapa de la ciudad de México en
perspectiva, que se dice fue trazado por Carlos López del Troncoso
en 1760 y posteriormente grabado por Diego Franco. Ejemplares de
este mapa se vendían al público en la Librería de Don Cristóbal de
Zúñiga y Ontiveros, pero el original del mismo se encuentra en el
Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec. Para
nosotros lo más importante es que nos permite localizar el sitio
en donde se fundió la escultura ecuestre de Carlos IV y el
trayecto que siguió hasta la Plaza Mayor. Este fue el primer trote
del Caballito. Del número 1 al 7
corresponden respectivamente a: Plaza Mayor, Catedral, El Parián,
Palacio Virreinal, El Volador, Universidad Pontificia y Huerta del
Colegio de San Gregorio. Haga click aquí
para ver la imagen ampliada y sin marcas.
Una vez que la escultura quedó en su sitio ya era el momento de
hacer la inauguración oficial, la cual volvió a realizarse con la
misma pompa y en el mismo día de santo de la reina María Luisa. El virrey de la
Nueva España había cambiado y para el 9 de diciembre de 1803,
correspondió a José de Iturrigaray realizar la ceremonia. Los
festejos duraron también tres días y las muestras de admiración por
la gran obra fueron patentes, por lo que Don Manuel Tolsá recibió amplio
reconocimiento de todos los presentes.
La
estatua lograda por Tolsá guardaba perfecta proporción entre
el jinete y el caballo (maravilloso ejemplar que perteneció al
marqués del Jaral del Berrio y se llamó "Tambor"), lo que no es
frecuente en este tipo de obras. La naturalidad de la anatomía del
caballo es estupenda y la obra tiende a mejorar los modelos romanos
y consigue un armonioso conjunto excepcionalmente bien logrado. Nuevamente conviene leer los párrafos con
los que describe
Don
Enrique Salazar Híjar y Haro
las características de la estatua:
«...Un gallardo caballo percherín, en
el acto de andar pausadamente, siguiendo un gracioso paso llamado
galanteo, tiene Ia pata delantera izquierda levantada en
contraposición al brazo deI rey. La pata trasera derecha pisaba,
como alegoría de dominación, el águila y el carcaj, símbolos deI
antiguo Imperio Azteca.
Montado en el
hermoso caballo, sobre un paño que le sirve de silla, con sus
guarniciones, bellos adornos y sin estribos, el rey está vestido a
Ia heroica, empuñando en Ia diestra un cetro levantado en ademán de
comandar un ejército y ceñida su frente con una corona de laurel. La
escultura estaba enfilada de frente hacia Ia segunda puerta deI Real
Palacio
...»
La imagen que sigue, muestra
la disposición que tuvo la muy bella plaza construida por el
Virrey de Branciforte y la ubicación de la estatua ecuestre de Carlos IV,
sobre su pedestal y al centro de la misma.
Esta es una vista de la Plaza
Mayor, similar a la de 1793, pero en perspectiva más amplia, que
muestra la gran plaza que se construyó alrededor del monumento
ecuestre de Carlos IV en 1796. Nótese que en realidad la estrechez de la plaza era la
misma de 1793, dado que el Mercado del Parián aún estaba ubicado en
el costado izquierdo y aunque el balaustrado de la plaza, pareciera
tener forma circular, en realidad era de forma elíptica. Esta hermosa
estampa fue grabada en 1797 por José Joaquín Fabregat, en base a un
dibujo de Rafael Jimeno y Planes,
precisamente para conmemorar la inauguración de la plaza y de la
estatua provisional. La estatua
ecuestre definitiva fue colocada en 1803 y permaneció en ese sitio
hasta el año de 1823. Haga click aquí para ver la
imagen ampliada y con mayor detalle.
Para el año de 1803 la
situación política del Rey Carlos IV se tornaba complicada y por lo
mismo los vientos de libertad, inspirados por la Revolución
Francesa, empezaban a soplar dentro de las provincias de la Nueva
España. Apenas 7 años después, el 15 de septiembre de 1810 Don
Miguel Hidalgo y Costilla daba el Grito de la Independencia en la
Iglesia de Dolores, en Guanajuato.
De la estatua de Carlos IV, a pesar de ser considerada una obra de
arte, no agradaba el hecho de que la pata trasera derecha del
caballo materialmente aplastaba al águila y al carcaj de las
flechas, símbolizando la destrucción del imperio azteca. Esta era
una buena razón para repudiar la presencia de la estatua en la Plaza
Mayor.
No tendrían que pasar muchos años para que fuera consumada la
independencia de nuestra patria y el 27 de septiembre de 1821, el
Ejército Trigarante, o de las Tres Garantías, entró triunfante
a la ciudad de México, encabezado por Agustín de Iturbide y Vicente
Guerrero.
La única forma de evitar la destrucción de la estatua era ocultarla
y por tal motivo y durante casi un año y medio estuvo cubierta con
un enorme globo de madera pintado en color azul. Los días de la
estatua parecían estar contados y fue el mismo Guadalupe Victoria,
primer presidente de la república quién propuso que fuera fundida y
empleado su material para la acuñación de monedas u otra aplicación
de utilidad. Para fortuna de la estatua, correspondió a Don Lucas
Alamán, hombre ilustrado y entonces ministro de Relaciones
Interiores y Exteriores del nuevo gobierno, sugerir que la obra
fuera conservada y para su protección se trasladara a otro sitio, en
donde no estuviera a la vista del público.
El sitio elegido era el claustro de la Pontificia y Nacional
Universidad de México (nombre adquirido después de la independencia), que se encontraba a menos de 500 metros de
allí. La imagen que sigue es muy interesante pues nos muestra una
vista en planta del centro de la ciudad en la que se aprecia la
forma elíptica que tuvo la plaza y la localización que tenía
entonces la Universidad, edificio que quedó perdido en el tiempo y
del cual no quedó huella.
Este mapa del centro de la
Ciudad de México en 1807, nos permite ubicar con exactitud el
espacio que realmente ocupó la plaza elíptica que rodeaba la estatua
ecuestre de Carlos IV. La sección mostrada corresponde a un plano que fue levantado en 1793 por el teniente coronel Don
Diego García Conde y que previamente actualizado fue grabado en
1807. Los números que he marcado muestran: 1.- Plaza de Carlos IV,
2.- Catedral, 3.- Mercado El Parián, 4.- Palacio Virreinal, 5.-
Plaza del Volador, 6.- Pontificia y Nacional Universidad de México.
En la imagen aparece marcado con amarillo el
trayecto que siguió el Caballito en 1823, cuando quedó
"enclaustrado" y "tras las rejas". Este fue el segundo trote
del Caballito.
Una vez tomada la decisión en
mayo de 1823, antes de iniciar el traslado se buscó la manera de
eliminar el águila y el carcaj que aplastaba la pata del caballo y
evitar el motivo principal del rechazo público.
El espacio que ocuparía la estatua sería el patio central que tenía
el antiguo claustro del edificio universitario, colocándose al
centro sobre una base rectangular de bajo peralte y rodeado por una
reja metálica de aproximadamente un metro y medio de altura.
El Ayuntamiento de la ciudad decidió contratar al arquitecto Brey
para que en el curso del mes de mayo de 1823 se encargara de bajar
la estatua de su pedestal y después transportarla cuidadosamente
hasta su nuevo sitio en donde fue colocada.
Al inicio de este trabajo aparece una imagen
obtenida del Archivo Fotográfico Casasola, que muestra un dibujo
anónimo en el que aparece la disposición del claustro de la
Universidad con la estatua de Carlos IV al centro. Podría pensarse
que como en1823 no existía ningún procedimiento fotográfico, no
habría fotos de la estatua en ese sitio, pero como tuvo que
permanecer "enclaustrada" hasta 1852, resulta que para nuestra
fortuna si hay una. Se dice que en 1839, cuando el procedimiento de
la daguerrotipia, precursora de la fotografía, estaba en sus inicios,
llegó a México por el puerto de Veracruz un grabador francés de
nombre Jean Prelier Dudoille, que había aprendido el proceso
original en Francia. El dejó varias imágenes, entre ellas la que
sigue, que aún cuando no se conserva con excelente calidad, dado el
paso de los años, si es un documento histórico que nos permite ver
detrás de la estatua, la arquería del patio del edificio
universitario, que
actualmente ya no existe.
Este es el daguerrotipo que
existe de la estatua de Carlos IV dentro del claustro de la Universidad, se dice
que fue obtenida en 1839 por el grabador francés Jean Prelier. El
Caballito de Tolsá tuvo que permanecer allí, fuera de la vista del
público en general hasta el año de 1852. Este edificio se encontraba atrás del
terreno que ocupaba el Mercado del Volador.
Esta y otras extraordinarias imágenes se encuentran en el sitio de
George Eastman House
En el tiempo, 29 años, que
la estatua ecuestre de Carlos IV estuvo oculta dentro del patio de
la Universidad, la transformación de la Plaza Mayor y sus
alrededores fue radical. En primer lugar la plazoleta elíptica, con
sus balaustradas y su puertas ornamentales fue completamente
desmantelada y se dice que las balaustras fueron utilizadas para
construir bancas en la Alameda. Años después en junio de 1843,
Antonio López de Santa Anna dio la orden de que fuera derribado el
Mercado del Parián (mostrado en la segunda
imagen de este trabajo) y fue hasta entonces que adquirió las
dimensiones que tiene actualmente. El proyecto de Santa Anna
consideraba la construcción de un gran monumento a la
Independencia en la Plaza Mayor y en el mismo año de 1843 mandó a
construir lo que sería el basamento o "zócalo" en el centro de la
plaza. La construcción nunca pasó de allí y fue por esa razón que
la gente empezó a llamar "El Zócalo" a la Plaza Mayor de la
ciudad.
La que se denominaba Plaza del Volador, como lo muestra el
número 5 del plano mostrado arriba, se encontraba en un costado
del Palacio Nacional y tuvo múltiples usos. Como era un espacio
abierto en su época prehispánica y aún después de ella, era el
sitio en el cual se ejecutaban las maniobras acrobáticas, similares a las que
todavía realizan los "Voladores de Papantla". Además los virreyes
preferían utilizarlo como plaza de toros o palenque para peleas de
gallos, pues los balcones del
palacio se convertían en los palcos privilegiados para ver el
espectáculo. Incluso llegó a ser sitio en el cual se realizaron
los Autos de Fe de la Santa Inquisición. Pero cuando no tenía dichos usos se convertía en un
gran tianguis.
Al desaparecer El Parián con mayor razón El Volador se convirtió en
un mercado permanente y no fue hasta el año de 1934 que
fue retirado el mercado y el terreno se utilizó para construir un
jardín. La foto que sigue muestra dicha plaza, que duró pocos años
pues en 1936 el terreno
se utilizó para construir el edificio de la Suprema Corte de
Justicia, que es el uso que tiene en la actualidad. Las antiguas
construcciones de la Universidad, también fueron demolidas con
anterioridad, como se aprecia en la foto siguiente.
En esta foto aparece la Plaza del Volador que se construyó
cuando fue derribado el mercado en 1934. Al fondo del lado
izquierdo se aprecian los balcones laterales del Palacio Nacional
que servían como palcos en las corridas de toros virreinales y
a la derecha también al fondo, el sitio que ocupó la Pontificia y
Nacional Universidad. Poco tiempo duró este jardín pues para el
año de 1936 se inició la construcción del edificio de la
Superma Corte de Justicia, que se inauguró en 1941.
Para fortuna del Caballito un día pudo dejar su cárcel y
liberarse de las rejas que lo mantuvieron oculto durante casi 30
años y fue precisamente en el período presidencial de Don Mariano
Arista en 1852, que el alcalde de la ciudad Don Miguel Lerdo de
Tejada propuso que se llevase a la que entonces era la primera
glorieta e inicio del Paseo de Bucareli que estaba en proceso de
remodelación.
El arquitecto Lorenzo de la Hidalga fue elegido por concurso para
hacer el traslado y construir además el nuevo pedestal que
ocuparía la estatua y por tal motivo la maniobra de traslado de la
voluminosa y pesada escultura se inició el día 3 de septiembre de
1852. Por el contrario de los anteriores movimientos este sería
más complicado y mucho más largo pues el trayecto sería de un poco
más de 2 kilómetros y por otra parte las condiciones de la que
entonces se llamaba Calzada del Calvario, hoy Avenida Juárez, era
bastante deplorable.
Dadas las condiciones, la maniobra de traslado duró 21 días y fue
hasta el 24 de septiembre cuando quedó finalmente instalada en su
nuevo pedestal.
La imagen que sigue nos permite además de apreciar el recorrido
que siguió la estatua durante el traslado, ver también como lucía
entonces la bella capital
Esta es una imagen muy
interesante, pues aparte de mostrarnos cual fue el trayecto que tuvo
que seguir la escultura de Carlos IV en su traslado de 1852,
corresponde a la primera vista aérea que en su conjunto se tuvo de
la Ciudad de México, es obra del gran artista Casimiro Castro y fue
obtenida desde un globo aerostático, se realizó en el año de 1855.
Aquí muestro solamente una vista parcial de la misma y se que muchos
de ustedes estarán pensando que para que le puse letreros y flechas,
si se trata de una obra de arte. La gran ventaja es que se las
puedes quitar y verla incluso con un poco más de resolución, si
haces click aquí. Imagino que el original que se encuentra en el Museo de
Historia del Castillo de Chapultepec debe de ser bellísimo, sin embargo
la copia que yo poseo no es tan buena y el colorido es malo, pero
aún así espero que la puedan disfrutar. La litografía fue trabajo de
Decaen. El Caballito tendría unos 3 años de haber sido trasladado al
sitio que ocupa, al inicio del que fuera hermoso Paseo de Bucareli,
también conocido como Paseo Nuevo. Este
trayecto fue el tercer trote del Caballito.
A pesar de que el conjunto escultórico había sido
protegido por un enrejado metálico de forma rectangular, poco tiempo
bastó para que el vandalismo hiciera de las suyas, robándose las
losas de mármol que recubrían el pedestal y las mismas rejas de
protección. Como había dicho arriba este sitio estaba bastante
despoblado entonces y salvo la plaza de toros y algunas casonas que
bordeaban el Paseo de Bucareli no era una zona urbana todavía.
Tal situación dio como resultado que ese sitio acabara por
convertirse en un verdadero muladar, alrededor del cual vaciaban la
basura los carretones recolectores. El problema debió de ser
resuelto, dada la cercanía de la plaza de toros y el hecho de
que esta zona estuviera catalogada como un paseo campestre.
La imagen de arriba obra de arte de Casimiro Castro, no es la única
y abajo vamos a ver otras dos más de su múltiple cosecha, que
quedaron como mudos testigos de la fisonomía urbana de aquella
época. La que sigue corresponde al año de 1856, y en ella se
aprecia con mucho más detalle la bella zona en donde estaba
enclavado el amplio y arbolado Paseo de Bucareli.
El proyecto de construir el Paseo de la Reforma no existía ni en
sueños, y por tal motivo tanto el jinete como el caballo de la
estatua miran en
dirección del Paseo de Bucareli.
Una vez más y después de su largo encierro, la estatua del Caballito
sería testigo desde su nuevo y espectacular sitio, del paso de
múltiples acontecimientos de nuestra historia nacional.
Esta litografía de 1856, también es obra de Casimiro Castro y
muestra la estatua ecuestre de Carlos IV en la primera glorieta
del entonces Paseo de Bucareli. Del lado derecho se encuentra la
plaza de toros del Paseo Nuevo y al fondo se distinguen el Bosque
y el Castillo de Chapultepec. En un principio, 1852, esta glorieta
se convirtió en un basurero y la estatua fue presa del vandalismo.
¿Y como era
la situación política de nuestra patria en esos años?
Pues complicada y absurda como verán.
Cuando el Caballito llegó a su nuevo sitio en 1852, apenas 4 años
antes México había recibido 15 millones de dólares a cambio de
entregar 2.2 millones de kilómetros cuadrados que ocupaban Texas,
Arizona, Nuevo México y la Alta California. ¡Habíamos perdido
la mitad del
territorio nacional! Sin embargo lo absurdo fue que el causante
principal de dicha pérdida, su alteza serenísima Antonio López de
Santa Anna, estaba a punto de retornar al poder por décima primera y
última ocasión, aunque esto nos parezca increíble.
Don Mariano Arista que tuvo la visión de "perdonar" al Caballito y
permitir que saliera de su largo enclaustramiento, había tomado
posesión como presidente constitucional por nombramiento expreso del
Congreso en 1851 dándose una transición pacífica. Sin embargo su
política liberal moderada atrajo severas críticas y se vio obligado
a renunciar en 1853. En ese mismo año como dije, retorna Santa Anna
y como dictador, que siempre fue, decide venderle a los Estados
Unidos de Norteamérica la franja de La Mesilla de 75,000
kilómetros cuadrados en 10 millones de dólares. Un territorio tan
grande como 4 veces el Distrito Federal. Algo increíble ¿verdad? El Caballito que detrás de su caparazón azul había "escuchado" en
1821 la entrada a la Plaza Mayor del orgulloso Ejército Trigarante,
apenas comenzaba a enterarse de los muchos acontecimientos que le
tocaría conocer en ese sitio... La imagen que sigue corresponde al mismo lugar pero 28 años
después de que la estatua de Carlos IV fue llevada allí.
Otra litografía de Casimiro
Castro que según indica la página del
STE corresponde a 1880, mostrando la misma glorieta pero ahora
incluyendo el incipiente
trazo del Paseo de la Reforma y los típicos tranvías de mulitas.
No cabe duda que era una época
agitada y convulsa, pues en tan solo 32 años y aparte de los
acontecimientos que ya mencioné arriba, en 1857 se promulga una
nueva constitución que jura el presidente Comonfort, pero en 1858
cae Comonfort y llega Benito Juárez al poder, aunque al poco tiempo
es apresado y se inicia la cruenta Guerra de Reforma. En 1861
triunfan los liberales, Juárez es electo formalmente presidente de
la república y se ve precisado a declarar al país en moratoria de
pagos. Tres grandes potencias, España, Inglaterra y Francia reclaman
los pagos, pero solamente Francia nos invade en 1862. El 5 de mayo el
general Zaragoza y sus fuerzas armadas se cubren de gloria en Puebla
al derrotar al ejército francés, sin embargo al año siguiente toman
la Ciudad de México. Al año siguiente, 1864, llega a México Maximiliano de Habsburgo y se convierte en emperador. Nace el
Segundo Imperio.
Una vez más nuestra patria estaba en las manos de extranjeros.
Maximiliano tuvo mucho que ver con la glorieta de la imagen
anterior, pues su carruaje tenía que rodear y seguramente ver la
estatua ecuestre de Carlos IV casi todos los días, cuando se
transportaba del Palacio Nacional al Castillo de Chapultepec, que era
el sitio de su residencia. El promovió e inició la construcción del
Paseo de la Reforma, pero nunca pudo utilizarlo como vía de acceso
al castillo y mucho menos verlo terminado.
Véase Paseo de la Reforma en este mismo sitio.
Para nuestra gran fortuna el Segundo Imperio solamente duró tres
años y en 1867 Maximiliano es fusilado y retorna Benito Juárez al
poder, a pesar de que nunca dejó de ser presidente de la república.
Para 1880, que se dice ser la fecha de la litografía de Casimiro
Castro, ya el Paseo de la Reforma funcionaba como tal (un paseo) en
toda su extensión y Porfirio Díaz había llegado al poder.
A Porfirio Díaz se debe realmente la conclusión de las obras del
Paseo de la Reforma y haberlo convertido en una vía lujosa y
bellamente ornamentada con glorietas, monumentos, camellones
arbolados y estatuas.
La imagen que sigue resulta interesante por ello, pues Don Porfirio
mandó colocar dos estatuas, los Indios Verdes, precisamente frente a
la estatua del Caballito.
Entre 1889 y 1891, un par de
invitados llegaron y enfrentaron la ya famosa estatua ecuestre de
Carlos IV, que ya se acercaba a los 40 años de permanencia en ese
sitio. Eran los Indios Verdes, otras dos estatuas famosas de la
inspiración del escultor mexicano Alejandro Casarín, ellas
representaban a Auízotl e Izcóatl dos de los emperadores del
gigantesco imperio azteca, que alguna vez pisoteó la pata trasera
del caballo de Carlos IV.
No poseo información completa
de como y porqué llegaron los Indios Verdes a ocupar un sitio tan
importante al inicio del Paseo de la Reforma y además como fue siendo un símbolo del poderío que tuvo el Imperio Azteca quedaron
colocados frente a frente ante la presencia, también simbólica, de tres siglos
de dominación del Imperio Español, que en cierta forma representaba
la estatua de Carlos IV.
Encontré una página en internet
de la familia Casarín, en la que se hace una descripción
histórica de las estatuas y del momento en que el Ministro de
Fomento acude a la ceremonia de inauguración de las mismas, sin
embargo encuentro cierta discrepancia en relación con la fecha de su
colocación, pues ellos mencionan 1889 y en otros textos encuentro la
fecha de 1891.
El caso fue que se desató una gran polémica (ver
Arquitextos) por la colocación de aquellas esculturas gigantes
que representaban a dos de los emperadores aztecas, Auízotl e Izcóatl,
pero si ustedes creen que la polémica se daba por la presencia de
Carlos IV, bien vale la pena que lean lo siguiente:
«...A
la polémica del pabellón de 1889
(se refiere al
pabellón de México en la Feria Mundial),
se sumó pronto otra,
en 1891, cuando en la entrada del Paseo de la Reforma,
lindantes con el monumento a Carlos IV de Tolsá, se
inauguraron las gigantescas esculturas de los héroes
aztecas Ahuízotl y Izcóatl, realizados por el escultor
Alejandro Casarín, y colocadas sobre unos pedestales de mármol
negro, popularmente conocidos como los "indios verdes". La
polémica, como destaca Elisa García Barragán, se produjo "ya
que los reyes esculpidos dentro de un pretendido realismo
indígena rompían la armonía del afrancesado paseo". Dos años
después se leía en "El Monitor Republicano": "Insiste un
periódico y con mucha justicia, en pedir al Ayuntamiento que
suprima los ridículos y antiestéticos muñecotes colocados a la
entrada del Paseo de la Reforma. Los turistas que visitan esta
capital creen que esos adefesios son obra de los primitivos
pobladores del Anáhuac y que nuestro ayuntamiento los conserva
allí como reliquias arqueológicas. Así opinan los que nos
juzgan favorablemente. En cuanto a los que sepan que son obras
contemporáneas nos calificarán seguro de salvajes
...»
«... Las respuestas a
ambas obras tan polémicas, el Pabellón del 89 y los "indios
verdes", se produjeron casi una década después: para la
exposición de París de 1900 se descartó por completo el estilo
indígena para el pabellón mexicano optándose, en una clara
muestra de que se preferían los historicismos de historias
ajenas, por uno de estilo morisco, y al año siguiente, en 1901, los "indios verdes" fueron
trasladados al más adecuado Paseo de la Viga, donde se
colocaron en nuevos pedestales en "estilo maya", hecho por el
arquitecto Guillermo de Heredia
...»
Y lo que sigue es una parte
sobresaliente de lo que narra la familia Casarín en su propia
página familiar.
«... De la fiesta de entonces, discurso al calce
del señor secretario de Fomento, Carlos Pacheco,
daba cuenta pasaditas las tres de la tarde del 30 de
septiembre de 1889, el Siglo XIX: "Con ese mismo bronce
se cinceló, golpe por golpe, la grandeza de nuestra raza..."
Los indios verdes, joven uno; viejo el otro,
aunque ambos guerreros, abrían el Paseo de la Reforma, llamado
alguna vez Calzada Degollado; otro Paseo del Emperador, y uno
más Paseo de la Emperatriz, ajenos al violento tráfago
dominical del Paseo de Bucareli y aún a los bostezos sin fin
del caballito de la mediocridad montado por el monarca español
Carlos IV, bajo la firma del escultor valenciano Manuel Tolsá.
Presente en la ceremonia de colocación de los
colosos en bronce en el espacio conocido por décadas como
Plaza del Paseo, a cuyos dominios confluían los de Bucareli y
Reforma, el escultor Alejandro Casarín no estuvo en la orden
del día para explicar la justeza del vaciado de sus obras; el
atavío de la orden de los caballeros tigres en una de ellas;
las fauces abiertas del jaguar u océlotl en otra
...
Nacido en la ciudad de México en 1840, el
artista había combatido con tal fiereza a los invasores
franceses, que vuelto prisionero sería enviado al país galo
donde, tras una corta condena, trabajaría al lado de los
grandes maestros europeos de su tiempo: Meissonier, Zamacois,
Fortun, Carot, Millet...
Casarín murió en los Estados Unidos en el año
de 1907...»
Como se ha dicho arriba,
injustamente diría yo, los famosos Indios Verdes dejaron la custodia
del Paseo de la Reforma en 1901 y se convirtieron en celosos
guardianes del acceso del tradicional Paseo de la Viga, sitio en el
cual permanecieron por muchos años. Mientras tanto y al contrario de
lo que pudiera esperarse, el Caballito continuó sus días de
esplendor y se preparaba ya para las cercanas fiestas del
Centenario, las de 1910. Después de todo la popular estatua estaría
cumpliendo entonces 107 años de edad.
Era quizá la primera década del
siglo XX y la dictadura de Porfirio Díaz llegaba a su fin, pero el simbólico Caballito que había visto
la transformación urbana de la ciudad capital desde 1852 permanecía
en su sitio, los Indios Verdes se habían ido ya y ahora
pareciera observar con admiración y asombro los característicos
automóviles que rodeaban el monumento, posiblemente se tratara de los inolvidables Ford modelo T, que por más de 15 millones se diseminaron
por el mundo entre 1908 y 1927.
Después de 1910 al Caballito
le tocó "vivir" la transformación del sitio en que se encontraba. En
las siguientes 5 imágenes y en sus descripciones al calce, podrán
enterarse brevemente de lo sucedido.
Sin embargo, lo que nunca pudo imaginar fue que aquellos "extraños"
vehículos negros propulsados a motor de gasolina y que comenzaron a
rodear su glorieta en el primer decenio del siglo pasado, serían
finalmente los que lograran destronarlo tras de 127 años de historia
que le tocó ver transcurrir desde tan privilegiado lugar...
Don Porfirio ya no gobernaba,
pues la imagen quizá corresponda al año de 1915 o 1916, dado que el
número de automóviles comparado con los carros de tracción animal
parece ser mayor. Nuestro país estaba viviendo una cruenta y muy
poco útil Revolución, sin embargo a pesar del daño que había causado
su dictadura, la huella de Don Porfirio estaba allí. Al fondo el que
pudo ser suntuoso Palacio Legislativo, a la derecha la fila de
extraordinarias y bellas construcciones que continuaban después
por todo el Paseo de la Reforma y los tranvías, la red de tranvías
eléctricos que en esa época era tan importante como ahora lo es el
Metro. El Caballito continuaba allí orgulloso de formar parte de tan
bello paisaje urbano, pero quizá un poco asustado cuando muy cerca
de él tuvo que vivir las batallas callejeras durante la Decena
Trágica de 1913.
Corría ya la década de los 30
del siglo pasado, el Caballito seguía en su sitio y la isleta
cuadrangular donde se encontraba había sido adornada con césped, banquetas y
alumbrado público ornamental. Todavía era posible cruzar la calle,
como se aprecia en la foto, y ver con detalle la escultura y leer
las placas conmemorativas. Aprovechando
la estructura de hierro que estaba destinada para levantar el Palacio
Legislativo, que se vislumbran detrás de la silueta del Caballito, el arquitecto Carlos Obregón
Santacilia en 1932 logra que la cúpula central y sus apoyos, se
convirtieran en el actual Monumento a la Revolución.
Al frente la Lotería Nacional ocupaba desde 1925
la casona que fuera propiedad de Don
Ignacio de la Torre y Mier, en Paseo de la Reforma No. 1, y fue ahí donde por
primera vez en el país se utilizó un letrero luminoso de gas neón.
Ahora es la década de los 40,
el Caballito se acerca al primer centenario de ocupar ese sitio,
nuestro país participa con los aliados en la Segunda Guerra Mundial
y esto le trae enorme beneficio económico. Ahora la escultura de
Carlos IV observa de que manera proliferan los rascacielos a su
alrededor. Tras de él se aprecia la
estructura del nuevo edificio que ex profeso se construía para
albergar a la Lotería Nacional. “El Moro”, como se le conoció
entonces, fue el primer edificio que se construyó por medio de un
procedimiento de flotación elástica, obra del Ing. José Antonio Cuevas, el cual se inauguró el 28
de noviembre de 1946.
La gloriosa época de los años
50 del siglo pasado había llegado, El Caballito, la estatua ecuestre
de Carlos IV, había cumplido en 1952 su primer centenario en ese sitio.
El número de automóviles y autobuses se había multiplicado al grado
de que la isleta en forma de cuadrángulo que protegía la estatua,
tuvo que hacerse circular y se redujo a su mínima expresión. Había
llegado el "progreso", los tranvías ya no podían circular en este
crucero; la Plaza de la República lucía al Monumento de la
Revolución, que no podría compararse con lo que
habría sido el Palacio Legislativo; el Edificio Corcuera, con su
anuncio de Goodrich Euzkadi y una enorme llanta en lo más alto,
todavía vivió unos años después de la fecha de esta foto, pues en 1957 tuvo que
demolerse por el sismo de ese año. Por el contrario el "nuevo"
edificio de la Lotería Nacional lo pudo soportar sin daños.
México se había incorporado a la era de la televisión y el 1° de
septiembre de 1950 se transmitió la primera señal del canal 4 desde
el piso 14 del Edificio de la Lotería Nacional, con el
Informe de Gobierno de Miguel Alemán.
Esta es una extraordinaria fotografía de
Héctor García, y aunque no tengo la fecha debe
corresponder con la década de los años 60 del siglo anterior. Aquí
aparte de apreciarse el gran tamaño de la estatua, se muestra otra
más de sus virtudes, al haber sido un excelente punto de observación y
haber podido soportar la
carga de todos aquellos que buscaron un buen lugar
para ver los espectáculos. Desfiles
patrios, deportivos y temáticos pasaron junto a él; manifestaciones
obreras que siempre iniciaban en el monumento a la Revolución lo
aturdieron con sus gritos y su arengas; la
quema del puma y del burro blanco antes del juego Poli-Unam que se
hacían en Bucareli, lo rodearon gritando sus características porras y claro
imposible de olvidar, los disturbios y marchas estudiantiles lo
dejaron siempre pintarrajeado y maltratado de su pedestal.
La intersección vial de Paseo
de la Reforma con Avenida Juárez y Bucareli cada vez fue siendo más
y más conflictiva. En 1964 Don Ernesto P. Uruchurtu inauguró
la prolongación del Paseo de la Reforma casi dos kilómetros más
hacia el noreste de la ciudad, incrementando el volumen vehicular en
esa zona, pero en 1977 el proyecto del profesor Hank González para
construir una red de 34 ejes viales, acabó de complicar la situación
de dicho cruce. El volumen de tráfico generado por el Eje Vial 1
Poniente (Guerrero-Bucareli) se incorporaba a la complejidad del
nudo vial.
Nunca se contempló la posibilidad de construir un paso inferior o
bien no se consideró práctico y por lo tanto se decidió que era un
buen momento para trasladar la centenaria estatua ecuestre a un
lugar más tranquilo, en el que los visitantes pudiesen apreciar sus
grandes dotes y depurado estilo. En la imagen que sigue se aprecia la situación de la estatua
en los años setenta.
Llegamos a la década de los años 70, en la foto de la izquierda se
aprecia la situación de la estatua una vez que el Paseo de la
Reforma se había prolongado hacia el noreste y que el proyecto del Eje
Vial Guerrero Bucareli estaba a punto de hacer todavía más conflictivo el paso
de vehículos por ese lugar.
La isleta del Caballito a pesar de estar adornada con plantas y
flores, ya no era redonda y había adoptado un diseño geométrico de
acuerdo con las necesidades viales. Desde luego nadie se atrevía a
cruzar hasta allí para poder ver la escultura de cerca, pues era materialmente
imposible. En
1968 se inició la construcción del edificio "Prisma"
de la Lotería Nacional, en Avenida Juárez 101, hermosa y moderna
construcción que aparece detrás de la estatua y que se inauguró en el año de 1970.
En 1979, tras de 127 años de ocupar ese sitio, la estatua de Carlos
IV fue trasladada a su propia plaza y como se aprecia en la foto de la derecha la
tradicional imagen cambió para siempre. Con el tiempo llegó el nuevo Caballito
del escultor Sebastian, pero ahora formando parte de la fachada
principal de un nuevo rascacielos.
El arquitecto
Sergio Zaldívar Guerra quién diseñó y construyó la que fue
famosa fuente de Las Regaderas en Paseo de la Reforma, entonces
era director de Sitios
Patrimoniales y Monumentos deI Departamento deI Distrito Federaly
propuso realizar el cambio de Ia escultura a Ia calle de
Tacuba, en la plaza que ya existía enfrente del Palacio de
Minería. Una vez que fue aprobado el proyecto
en el mes de mayo de 1979, el Caballito fue
protegido por andamiajes y bardas provisionales y un grupo de operarios bajo Ia supervisión deI
arquitecto Zaldívar, iniciaron las maniobras de traslado. EI 27 de mayo de 1979, después
de una emotiva ceremonia, dos enormes grúas levantaron pausadamente
Ia enorme y pesada jaula metálica con el Caballito adentro,
depositándola con suavidad sobre un remolque que inició el
traslado a Ia calle de Tacuba. El pedestal de la estatua que
había sido construido por el arquitecto Lorenzo de la Hidalga 127
años atrás, tuvo que ser desmontado piedra por piedra a fin de poder
reconstruirlo de manera idéntica al original en la nueva plaza.
La plaza que existía fue totalmente remodelada y una vez terminada
se le dio el nombre de Manuel Tolsá. El costo de estas obras fue del
orden de 3 millones de pesos de aquella época.
La imagen que sigue muestra el trayecto utilizado para trasladar la
estatua a su nueva plaza.
Este plano que muestra la situación actual del
Centro Histórico de la Ciudad de México, es una adaptación del que
fue publicado por el diario
Reforma en
su sección de Viajes. Es interesante porque muestra la mayoría de
los edificios antiguos de la ciudad que se consideran obras de
arte o museos y pueden ser visitados en la actualidad por los
turistas. Los 5 círculos amarillos con un número dentro,
representan los 5 sitios en los que estuvo alguna vez la estatua
ecuestre de Carlos IV y son: 1.- El taller de fundición de Manuel Tolsá en el
que fue Colegio de San Gregorio, 2.- La Plaza Mayor hoy Zócalo de
la Ciudad de México, 3.- El claustro de la Universidad, 4.- La
glorieta que marcaba el inicio del Paseo de Bucareli y 5.- Plaza
de Manuel Tolsá enfrente del Palacio de Minería. El plano muestra
con línea amarilla el trayecto que siguió la estatua en 1979 al
ser trasladada a la Plaza Tolsá. Este fue el cuarto trote
del Caballito y quizá el último.
Haga click aquí
para ver la imagen ampliada y los nombres.
Para el 28 de agosto de 1979,
una vez que se habían terminado totalmente las adecuaciones a la
plaza y a la estatua ecuestre, se dio una entusiasta y
concurrida ceremonia de inauguración que encabezó el propio
presidente de la República. Durante la ceremonia de inauguración se
depositó una cápsula cilíndrica dentro del pedestal conteniendo
varios elementos simbólicos de la época y un mensaje escrito por el
arquitecto Zaldivar y firmando por el presidente López Portillo.
Vista de la Plaza Manuel Tolsá
una vez inaugurada con la estatua ecuestre del Rey Carlos IV en el
lugar de honor. Aunque la estatua mira hacia el Palacio de Minería,
en la foto se aprecia a su espalda otro extraordinario edificio que
originalmente fue utilizado como Palacio de Comunicaciones. Este
edificio data de la época porfiriana y fue proyectado por el
arquitecto italiano Silvio Contri en 1905, pero fue inaugurado hasta 1911 por
Don Francisco I. Madero. Actualmente es el Museo Nacional de Arte.
La Plaza de Manuel Tolsá, tal
como luce en la actualidad en un día domingo, al centro la estatua
ecuestre de Carlos IV, mirando hacia otra de las obras maestras que
se deben a Manuel Tolsá: El Palacio de Minería, planeado y
construido de 1797 a 1813 para albergar al Real Seminario de
Minería, Actualmente este edificio está bajo el resguardo de la
Facultad de Ingeniería de la UNAM y entre otras cosas alberga
el Centro de Educación Contínua. Atrás de la estatua se encuentra el
que fue Palacio de Comunicaciones.
Haga click aquí para ver la imagen ligeramente ampliada.
CONCLUSIÓN.
La estatua del rey Carlos IV de España y la figura inconfundible del
Caballito estuvieron en un lugar abierto y público, la Plaza Mayor
de la Ciudad de México, desde el 9 de diciembre de 1803, ya cuando
los vientos fuertes de la Independencia soplaban en varios confines
del país. Al terminar el año pasado, 2003, la estatua cumplió 200
años de haber sido inaugurada y expuesta a la vista del público. No
lo puedo afirmar, pero es posible que pocas, o ninguna, de las
esculturas que existen en México expuestas en un lugar público,
puedan enorgullecerse de haber sido pioneras del monumento civil y
político expuesto al aire libre. Mientras tanto la estatua del
Caballito ha sido fiel testigo de toda la historia de nuestro país,
desde los inicios de nuestra Independencia hasta los días actuales
como país libre y soberano y bien puede presumir de ello. Apenas le
faltan 6 años más para poder festejar, como lo hizo en 1910, un
centenario más de nuestra independencia proclamada en Dolores por
Don Miguel Hidalgo y Costilla.
Por ahora los trotes del Caballito del gran Manuel Tolsá, parecen
haber terminado y se le vislumbra tranquilo en la plaza que fue
remodelada especialmente para él. Hoy los capitalinos y los turistas
pueden detenerse a admirarlo, fotografiarlo y leer el contenido de
sus placas conmemorativas, sin embargo es posible que a pesar de
todo, El Caballito quisiera retornar al sitio que ocupó por más de
un siglo y seguir viendo pasar la historia de este gran país. Estoy
seguro que le habría encantado verse rodeado por esa gigantesca
marcha blanca y pacífica, símbolo de una nueva sociedad mexicana
preocupada por tanta corrupción, impunidad y delincuencia. Oir sus
aplausos, sus voces y el clamor de sus penas...
¿Volverán a encontrarse nuevamente y frente a frente los Indios
Verdes y El Caballito al inicio del Paseo de la Reforma?
No es nada fácil, tendría que llegar un grupo interdisciplinario de
profesionistas que diseñaran una gran plaza con el cruce a nivel del
Paseo de la Reforma y los túneles o pasos inferiores de Juárez-Ejido
y Rosales-Bucareli. Allí entonces, además de simplificar el transito
en tan conflictiva intersección, podríamos disfrutar
nuevamente de ese heterogéneo pero simbólico conjunto de estatuas.
Porque a final de todo, El Caballito quizá sea tan mexicano como los
propios Indios Verdes. ¿Quién recuerda haberse referido a él como la
estatua de Carlos IV? ¿Quién la conocía por ese nombre?
Don
Enrique Salazar Híjar y Haro
nos dice en su relato: "Tolsá continuó con el modelado de Ia
escultura definitiva, teniendo como modelo el hermoso percherín
poblano Ilamado "Tambor". Y claro está con el respeto que me merece Carlos IV, el que fue
Rey de España, pero que no parece ser recordado, ni aquí ni allá,
salvo por su mediocridad, el símbolo de esa estatua para todos los
mexicanos, habrá sido siempre el glorioso corcel mexicano que inundó las
estampas de la charrería y de la revolución.
Así pues frente a frente, cara a cara, los dos grandes símbolos de
nuestra cultura: El orgulloso, el poderoso y rico Imperio Azteca,
representado por dos de sus grandes tlatoanis los Indios Verdes,
obra del escultor mexicano Alejandro Casarín y la estatua ecuestre
de Carlos IV, obra de Tolsá, representativa de 300 años de
dominación española, si pero representativa también de muchas de las
cosas buenas que por añadidura nos llegaron, como nuestro
inolvidable y buen amigo El Caballito...